Poesía semanal.

2 de noviembre:
¡Hola, chicos! Siento no haber dejado ninguna entrada acerca de la poesía durante la semana pasada. 

Pero bueno, esta semana la dedicaremos a hablar de uno de los nombres más sonados de la poesía contemporánea y más actual: Loreto Sesma. 

Sin duda, es uno de los autores que más me ha influenciado a la hora de empezar también a escribir y componer poemas.
Basándose en la sencillez y en ser directa y, por supuestísimo, embellecer lo sencillo con el don que tiene para utilizar las palabras, ha logrado hacerse un hueco en el mundo de la literatura hispanoamericana (conquistando también América Latina).

La he considerado siempre un auténtico modelo del boom que está experimentando la poesía en el día de hoy y, sin rastro aparente de vacilación, una de las pioneras.

Está en camino de la publicación de su tercer libro -cuyo título anunció hace pocos días-, Poesía revólver, y hasta ahora podemos encontrar en las librerías Naufragio en la 338 y 317 kilómetros y dos salidas de emergencia. Así, con ánimo de esta magnífica noticia, me gustaría hacer un repaso de sus inicios y sus mejores versos dentro de las joyas que crea en el papel.


Hace días que te veo por la calle,
andando con esa manera tuya de querer conquistar el asfalto,
gastando suela al andar,
y gritando por dentro,
venga, muro de acero,
enséñanos como tú también puedes llorar.
           (...)
sonreiré con esa sonrisa de hoyuelo izquierdo que tanto me decías que te gustaba,
lloraré tanto que ya no me podrás pedir jamas que demuestre que es lo que siento,
y me pondré esos pantalones que decías que me hacía un buen culo,
me soltaré el pelo,
me pintaré los labios,
y saldré a besar el viento,
           (...)
Ay valiente soldadito de plomo,
nunca debiste poner a ondear la bandera de piratas en tu barco de papel,
porque estabas anclado a la boca de una loca, desastre y corazón roto,
y esa loca era yo,
y esa boca era la mía.

Me han dicho que tengo que olvidarte, pero, seamos realistas y pongamos los pies en el suelo (de tu cuarto).
           (...)
Me ofrecías cielo y estrellas en polvo que respirar y estrellabas versos y besos como si nada mientras yo no podía dejar tu cuerpo de palpar y entre sonrisas hiladas en papel fino te decía;
"qué hace un chico como tú en un sitio como este"
y tú te reías y susurrabas;
"qué hace alguien como tú entre unas piernas como estas".
            (...)
Fue el día que escribí esto, un texto absurdo y sin sentido, porque el sentido a todo se lo dabas tú.
Lo siento por recurrir a tu salvavidas, pero quería hacerte musa de verso por una vez, quería decirte que te echo de menos, te dejo el mundo a tus pies, qué hasta él se muere por ver lo que escondes debajo de esos pantalones.
...
A los de corazones rotos, 
qué cómo se vive así,
 que a mí esto me duele,
¿Y dice Sabina que tardó en olvidarla 500 noches?
Pues a mí,
poeta,
apúntame 501.


Os recomiendo que estas dos las escuchéis, en cuanto tenga un rato, actualizaré esto haciendo una selección de los mejores versos; pero es mucho más difícil al no tener ningún texto delante.


Por último, quería terminar con una breve frase de Loreto Sesma, que es una de mis favoritas:

Cuántas veces me habré desnudado para que me vieses tiritar de frío y saliera de ti, inesperada, la imparable sensación de querer abrazarme hasta quedarme dormida.
 
19 de octubre:
Pablo Neruda
POEMA 20
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".
                  (...)
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla. 
La noche está estrellada y ella no está conmigo. 
                  (...)
Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque este sea el último dolor que ella me causa
y estos sean los últimos versos que yo le escribo.

POEMA 12
Para mi corazón basta mi pecho,
para tu libertad bastan mis alas.

POEMA 5
Para que tú me oigas
mis palabras
se adelgazan a veces
como las huellas de las gaviotas en las playas.
                  (...)
Y las miro lejanas mis palabras
más que mías son tuyas.
                  (...)
Antes que tú poblaron la soledad que ocupas,
y están acostumbradas más que tú a mi tristeza.

Ahora quiero que digan lo que quiero decirte
para que tú las oigas como quiero que me oigas.

 
 
 
 

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