martes, 29 de diciembre de 2015

Más daño

Y esa la razón por la que apareciste.
Cuándo yo ya no podía hacer más daño,
cuándo ya había derramado todas mis lágrimas.
Cuándo ya no tenía venas y recuerdos que cortar,
y había aprendido a volar desde décimos pisos.
Tu sabías abrir heridas,
sabías herir,
tenías la sal,
de esa que quema,
en lo que aún no son cicatrices.
Tenías la conciencia tranquila mientras jugabas,
a veces conmigo, cómo dos gatos,
otras veces, el juego era a ciegas,
y yo, me hacía cargo de los daños.
Y es la sinrazón por la que apareciste.
En lugar al que van a parar los sueños frustrados,
y nosotros dos,
con varias copas encima,
y mucha noche por delante.
Así pasábamos las horas,
atados,
yo a ti,
tu atado al vicio de hacerme daño.
Y también los años,
lejos,
sin pensarnos.
Sin echarnos de menos,
sin verbos en plural.
Imagino que aún te acuerdas,
de manos que fueron tuyas,
aunque a mí me pertenezcan.
De labios,
y de besos.
De fuego,
de arder juntos,
y acabar quemados,
acabar hechos ceniza.
Porqué así es todo, cuándo no hay nada.
Así es todo, cuándo te olvidas del resto,
así es todo cuándo me sobraba el mundo,
mientras que a ti te sobraban los minutos.
Y a mí me faltaba el aire,
y tu tenías de sobra.
No hay mensaje en esta botella,
te lo has tragado.
Y ahora estás borracho de palabras que no te dije,
estás saciado de besos que no terminé de darte,
estás harto de miradas que no pudieron ser más que eso.
Y yo,
sigo en mi tormenta moral.
Dónde no deja de llover, y llover.
Y no dejo de rimar cualquier cosa con tu nombre,
incluso la palabra amor.
Y mira que es difícil llamar amor,
a la historia de dos personas que no tuvieron la intención mutua de quererse.
Que incendiaban el mar cada vez que se rozaban,
pero no sabían romper el silencio a carcajadas.
Que no conoces mi risa,
y tampoco conoces mi sonrisa tonta de enamorada.
Pero tampoco mis lágrimas.
Porqué lo nuestro nunca llegó a ver la luz.
Entiendo que te hayas ido,
porqué no tenemos donde mirarnos.
Ni ojos que nos entiendan.
Y ya no hablo de tu y yo,
ahora hablo de la cantidad de espejos rotos cuándo me faltaba el "tu",
y me sobraba la tristeza.
Así qué, cuándo te preguntes porqué,
recuerda que no siempre tiene que haberlo.
A veces,
incomprensiblemente,
cuándo los precipicios parecen hacen pequeños
llegas tú y el resto ya lo conoces.
Y ahora,
me araño la piel para borrar tus huellas y,
solo
consigo
hacerme
más daño.
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****A partir del 1 de enero comenzará a subir entradas en el blog una nueva escritora****

2 comentarios:

  1. La imperfección más perfecta de todas. <3
    ¡Tengo ganas de saber quién es la nueva escritora!

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    Respuestas
    1. Muchas gracias, ¡estate atenta al próximo 1 de enero!

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