sábado, 29 de marzo de 2014

Me sabe a ti



... Al verano, a esas tarde en las que paseas sola junto a la orilla, jugueteando con tus propios pensamientos. Esas tardes en las que no te encuentras más que a ti misma, en las que llegas a la raíz de tu propia existencia. A esos momentos en los que no sabes qué hacer más que mirar al horizonte y así quedarte, eternamente, segundos... no mides el tiempo.

A una noche despejada; una de esas en las que estás mirando las estrellas en el firmamento... y, de pronto, ya no te sientes tan alejada. Sientes que puedes con ello, sientes que eres capaz de seguir avanzando. Una de esas noches de reflexión mientras se te cierran los ojos, escuchando el sonido de los instantes pasar y seguir pensando que no hay lugar mejor en todo el universo.

A una infancia devuelta, a la más bella de las inocencias. A la más fantasiosa de las imaginaciones. Al mejor de mis cuentos. A un momento de silencio. A un parque lleno de flores, cada cual más hermosa, exhibiendo sus vivos colores, resplandeciendo con la luz del sol. A la luz de una sonrisa. A la hermosa melodía de una risa, al maravilloso regalo de un día más en nuestras vidas.

A un beso, a una caricia, a un cálido abrazo en una fría tarde de invierno; observando la lluvia desde la ventana caer, precipitarse al suelo, exhalando sus últimos suspiros antes de morir y ser devuelta a su lugar. Al calor del hogar.

A la más nostálgica de las noches, de las tardes, de los días. A esas lágrimas de alegría. A esa sensación de alivio que sientes cuando ves tu situación mejorar. A esos deseos de ilusión que se piden cuando llega la noche. A esas miradas de morriña que se lanzan al cielo, de añoranza.

Al mar. Una inmensidad de oportunidades, un incesante juego de miradas y sonrisas. A una fotografía en la playa; sólo de dos. A una carrera en la arena. Un juego en el agua, un beso bajo ella. A ver la vida pasar con el bramar de las olas. A una puesta de sol sentados en la orilla del mar. Al acariciar de las olas en la piel.

A aprender; aprender a soñar, aprender que los sueños son, realmente donde tenemos todas y cada una de las posibilidades. A aprender a disfrutar la vida con sólo una persona.

A todo eso me recuerdas.