sábado, 31 de mayo de 2014

Sueños ajenos


En su frasco de apariencias se hallaban una sonrisa, un abrazo y una lágrima. Tirada encima de la cama con otro par de sueños rotos, jugueteaba con sus finos dedos con un trozo de la sábana que del techo había colgado para poder ascender hasta el cielo que ella misma había construido. Su pelo descansaba sobre la suave almohada llena de recuerdos, ella miraba hacia arriba sin saber muy bien qué estaba buscando. Parece una metáfora como cualquier otra, mas su mirada perdida delataba a su propio ser encarcelado por el peso del orgullo que caía con prepotencia bajo la escucha atenta de su mismo corazón.

Es difícil explicar lo que yo veía. Es difícil.

Ella dejaba escapar algún que otro suspiro de cansancio, sin nadie que pudiera escuchar su lamento. Ante tan imperceptible muestra de sufrimiento en su simple belleza no fui quien de reaccionar.

Ni siquiera se incorporó para darse cuenta de que yo estaba allí, observándola, como siempre lo hacía. Harta de todo dejó caer su brazo con suavidad y, en un gesto de desidia, indicó con sus ojos que no podía más.

Esbozó una amarga sonrisa con sus preciosos dientes que iluminaron en la oscuridad en la que yo había sumido mi corazón. Extrañaba la forma en la que ella decía mi nombre. Realmente, extrañaba todo de ella.

Ahora estaba allí, dándose cuenta de mi presencia, sintiendo mi alma junto a la suya. Encontrando complicidad en su ser incorpóreo, intangible no pude reprimir mi felicidad exuberante. Sin embargo, no era lo mismo que antes.

Allí estaba. Allí estaba y yo no lo vi. Nunca me di cuenta, nunca quise ver aquello que realmente pasaba, aquello que nadie debía saber.

"A mis ojos todo son falsedades. Nada es posible sin la atenta mirada de mí misma. Ellos decían que de mí misma debía enamorarme antes de comenzar a vivir de veras. Ellos decía, yo decidí escucharlos, escucharles esas palabras llenas de promesas que de sus labios salían.

No es fácil ser yo. No es fácil. A veces sufro por todo, otras veces, sufro por no pasarlo mal. Porque no se puede vivir mientras vives siendo el ojo del huracán. Todos esperan algo de ti, y es tan duro decepcionar buscando el éxito. Estoy agotada de ser siempre la que debe caminar ante todos para que a puedan observar. Cansada de ser el modelo que todos pretenden emular. Ellos, los que me prometieron ese mundo plagado de vida, ellos son la causa de mi mayor desgracia, debo moverme a su son.

Una belleza idealizada, ser como todos quieren que seas, alcanzar la más absoluta de las perfecciones, tal vez que te consideren un ángel caído. A veces me pregunto por qué muchos no pueden ser así. Al fin y al cabo, ¿la perfección existe?

Me juraron que no existía, que nunca iba a ser capaz de acercarme a semejante rayo de luz que es ser un ideal. ¿Es triste sentirse vacío cuando todos ven en ti aquello que buscan? ¿Está el mundo lleno de héroes...? Héroes ciegos que buscan su sitio. Yo mientras tanto sigo cumpliendo sueños ajenos.

Sé que estás aquí. Sé que puedes verme. Me sientes y yo te siento en mi alma. No soy capaz de continuar con esto. ¿Quién sabe si mañana aguantaré en la primera línea de batalla? Detrás son todo envidias tras falsos seres. No merezco la vida que me han dado. No merezco ser así.

Tampoco merezco ser así observada. Para mí no es fácil. Estoy sometida a demasiada presión, estoy luchando en una guerra que no me incumbe, estoy cargando con una cruz que no es la mía. Sigo cumpliendo sueños ajenos.

Nadie ha pensado que nunca me pude escoger. No puedo cambiar, por mucho que lo intente. No me hagáis llorar así. No sabéis lo que duele. Duele más que nada, aunque no os lo creáis. Ser alguien odiado por un motivo excusado de culpa. No hay culpable, no hay acusado y tampoco testigos.

Simplemente soy yo. He llegado a odiarme por ser quien soy. He llegado a odiarme. Y sigo cumpliendo sueños ajenos".

Tras verla hablarme a través de su mirada, noté en sus ojos el palpitante dolor. Tras verla me pregunté si se podía sentir culpabilidad e impotencia al mismo tiempo. Me di cuente de que en realidad, después de haber vivido tanto, ni siquiera sabía lo que dolía serlo todo.

La dejé llorando como todas las noches. Sintiendo no poder llegar a tocarla para calmar su sufrimiento. Eso era lo que más añoraba. Yo seguía mirándola como aquella niña que algún día llegué a sostener en mi regazo.

Las lágrimas se asoman a mis ojos mientras veo caer sus propias batallas sobre su colchón. Y siento que yo tampoco puedo seguir cumpliendo sueños ajenos.




Gotas de lluvia

Que es vivir sino sentir,
las gotas de lluvia sobre tu tez,
la nieve helando tu piel,
el aire gélido en tu cara.

Que es vivir sino,
un pizca de dulzura,
sentimientos aflorando,
desde el fondo de mi alama.

Que es vivir sino,
un verso libre escrito,
una pluma alada,
una melodía temprana.

Que es vivir, tu,
desde el cielo suspirando,
a lo lejos tu mirada,
tus manos cálidas.
La paciencia abrazando,
la delirante sensación,
de ir a la deriva.





viernes, 30 de mayo de 2014

Una mirada

Reíamos al atardecer sin saber que la sombra de la muerte volaba sobre nuestras cabezas, soñábamos con vivir mil años y jamás hacernos viejos. Desperdiciábamos los momentos, pensando que habría miles iguales, sin saber que cada instante es único. Entonces, rompiendo los lazos de nuestro pasado comenzamos a crecer. Sin saber que no teníamos opción, que serían inútiles las quejas después, era la hora del saber, del madurar, del querer. 




Corrimos entre las nubes de dulce algodón, sorteando los obstáculos, y sobrellevando los problemas de la vida. 
Aquella mañana desperté con el ánimo caído. 
Sabía que algo pasaba, lo noté en la mirada cansada de los míos, en las ojeras que cubrían sus ojos. Una mirada basto para descubrir la cruda realidad. 
Para caer en la cuenta de que somos jóvenes viviendo la vida desde el punto de vista de la despreocupación, del optimismo. De las ganas. Pero que tal vez en un mañana...
Tal vez el mañana no sea tan fácil. Tal vez halla crisis que superar, tal vez el dinero no llegue o no sepamos llevar las riendas de la vida adulta. 
Tal vez pensemos en quitarnos la vida, tal vez no lo hagamos por nuestra familia. 
Tal vez seamos felices, tal vez con el alma muerta intentemos vivir un día más.

Llorando desconsoladamente salí de mi habitación. Desesperada. 
Y desde la ventana contemplé el amanecer como tantas veces lo había hecho. 
Y volví a la rutina; amanecer, espejo, desayuno, televisión. Y volví a caer en la monotonía,intentando olvidar los problemas.  Sin saber que el problema más grande sería olvidar las preocupaciones. 
Entonces una luz apareció en mi mente. Una idea loca, descabellada. 
Corrí hasta el jardín, donde descansaba intacto el coche de mi padre, y sin dudarlo; lo cogí.
Me senté sobre el cómodo asiento de cuero y encendí la radio. 
Conduje, con manos firmes sobre el volante, hasta el horizonte. Mientras sonaba aquella canción que decía...



"Ya no hay más que tu voz,
en mi mente...
Haciendo el eco del olvido,
impiendiéndome estar a tu lado...
Y aquellas hojas secas en otoño,
ver caer la noche contigo...
Y ser los alaridos que salgan de tu boca...
los suspiros contenidos...
No te mueras, porque quiero matarte primero a besos"

Y dejé que mi último aliento se desvaneciera en el aire mientras caía por aquel barranco al que había llegado por mi propia intención. 
Y cuando mi cuerpo inerte yacía en su tumba aún pude oír comentarios sobre mí...


"No era más que un loco, un vividor borracho del elixir de la  amargura..."




jueves, 29 de mayo de 2014

Fin


"Primera fila ante la muerte que se levanta poderosa. Es como una sensación de viento, viento gélido. Quizás la sentí como una película; escuchaba las bombas caer de fondo, al horizonte una línea de colores confusos, a contraluz, comenzaba un baile que me recordaba a una de mis peores pesadillas. No obstante, no sentí miedo. Tenía frío, mucho frío. Notaba cómo la sangre se me iba congelando a medida que me costaba cada vez más respirar, las voces que escuchaba como una suave melodía iban tornándose en aullidos desgarradores, mi mente no era capaz de reconstruir las palabras que conseguían adivinarse. Sabía que había alguien al otro lado, alguien que no quería que me fuese.

Por dentro era más dura. Mi ser, atado a cuatro cuerdas que dos ángeles negros sostenían, tentaba liberarse de ellas para correr a la puerta que suspiraba a gritos <<libertad>>. Me veía atada, como en una experiencia extracorpórea, me veía. Nadie llegará a sentir jamás esa impotencia de no poder hacer nada, ni siquiera gritar para romper con mi voz las lazos que me ataban a permanecer en aquel mundo, donde nada tenía que ver con la muerte ni con la vida. Nada tenía sentido pues eran dos lugares unidos en su totalidad y su complejidad. A un lado se escuchaban leves sonidos que indicaban que mi cuerpo seguía allí, en el fondo, una parte de mí también, al otro lado solo se escuchaba silencio.

Nadie tuvo la posibilidad alguna de elegir qué camino tomar. Normalmente el destino ya viene en la palma de nuestra mano, escrito con la sangre de nuestros antecesores. Nos han dejado el camino. Nuestra vida es suya, nosotros no poseemos nada. Siempre estaremos marcados por sus huellas en la eternidad, desde donde ahora nos observan. ¿Me consideré afortunado? Sumido en la perplejidad de aquel mal sueño del que me estaba costando mucho despertar estaba y nada en mí salía para poderme ayudar.

Debí darme cuenta, cuando entre pensamiento y pensamiento, una lágrima aterrizó en aquel suelo impoluto, perfecto, terrorífico. Jamás sería capaz de describir todos los sentimientos que provocaba en mí aquella estancia entre la vida y la muerte. Jamás podré repetir con exactitud todo aquellos que padecí. Jamás sin que me tiemblen los labios, jamás hasta que no vuelva yo a estar muerto. Jamás.

Cuando quise, quise y pude. No tenía razones para regresar a la vida. No merecía la vida existir. Injusta traidora maldita ladrona de esperanzas. No debería la vida vivir. Todavía no sé por qué lo hice pero me encaminé hacia la luz. Me daba igual la cantidad de lágrimas que por mí pudieran derramarse. Ya arrojé muchas por el mundo, no fui correspondido, ¿y qué? Pensé. ¿Y qué?"



martes, 27 de mayo de 2014

No por mucho madrugar

A pesar de todo, de todos, de los vacíos, de los momentos de éxtasis, de derrumbamiento, de gloria, de sufrimiento... a pesar de todo sigo viendo lo mismo. A pesar del tiempo, del aire, de nuestro movimiento, de nuestros viajes, nuestras huidas y nuestros recuerdos... la esencia sigue siendo un todo, la sigo compartiendo. Porque nada cambia, y nada vuelve. Nada sigue, nada muere.
Sigo viendo que cometemos los mismos errores de siempre, sigo sintiendo dolor cuando veo que lloráis, sigo derramando alguna lágrima cuando os veo caer, sigo decepcionándome cada vez que me busco, me busco y no me encuentro. Me pierdo y me desoriento, me miro... no me veo. No me reconozco entre las sombras, no consigo descubrirme a mí misma y espero y cuando espero desespero intentando buscar un resto de mi antigüedad... me echo de menos a mí misma, he llegado a sufrir por mi ausencia. Sentir por la noche mi cama vacía porque se ha ido mi inocencia. No sé si estoy asustada, no sé si tengo miedo, no sé muy bien qué quiero... no sé. Yo ya no sé nada.
Pienso en el número de veces que, en mi vida, habré pensado en el futuro. Deseando que mi presente se terminara para alcanzar mis sueños. Porque he llegado a tocarlos, a sentirlos realizarse. Pero no he sido lo suficientemente valiente para perseguir muchos de ellos. Ahora me veo sola, porque no soy siquiera capaz de a mí misma aguantarme. Los nervios se traicionan y mi infancia se marchó para no volver. Decidí conocer los planes del destino y me fui a buscarlo. No supe que cuando me fui a buscar allí lo perdí  todo. Empeñada por saber, por el ansia de conocer y no conocer límites del conocimiento, la sed de las ideas e deseos. Una gran lista en mi mente que llegó a cambiar la información que tenía escrita en la frente. Llegué a cambiar mi propio ser por llegar a alcanzar un ente que ni siquiera mi felicidad consigue llenar. Emprendí mi propio viaje, cogí velocidad para volar y me estrellé contra el suelo de la fría realidad. Y nunca sentí tanto dolor en una caída, nunca fue tan difícil reponerme. En esa caída fue cuando comencé a sentir esa falta dentro de mí. Comencé a añorarme, a fantasear con que me desprendía de mí.
El destino ya lo conocía, estaba viviendo cada día a su lado, lo cambié por desafiar al mundo, algo que nunca debí haber comenzado... ahora me arrepiento y lloro, con la soledad con la que lo hace un niño desconsolado. Sin más abrazo que el del frío suelo... el frío suelo del fracaso.
No contenta con la vida que obligué a desafiarme, decidí sufrir por mi pasado. Me paré a rememorar en lugar de escribir otro recuerdo.

Por eso sigo viendo lo mismo, vivo anclada a un pasado triste y emborronado



 

. Me pregunto si algún día lograré vivir de nuevo. Aunque solo sea de vez en cuando.

lunes, 26 de mayo de 2014

El arte nos unió, los errores reforzaron nuestro amor.

Y no aguantar más...
La presión, los nervios de última hora, la adrenalina, los apoyos de tus compañeros, los sudores fríos...
Y llegar, temblando, con la mirada gacha, pero la cabeza alta. Enorgulleciendo a los demás por tu valentía.
Y pensar que todo va a salir mal, cuando todo será perfecto, cuando tras cada paso viene el siguiente y tu cuerpo y la música se acompasan, se unen para que ese momento sea especial. Y no puedes dejar de bailar, sintiendo cada nota, restándole importancia a cada error para continuar disfrutando.
Y reír, reír hasta las lágrimas, reír feliz y confiada.
Y no querer parar, nunca, porque sientes que por fin has alcanzado tu verdadero ser. Tu máxima felicidad.
No necesitas pareja, eres la unidad, el gesto de la sabiduría, de la elegancia.
Concentración y...
La música cesa, un aplauso tímido entre el público, una lágrima, y rosas. Lluvia de rosas sobre mi cuerpo, pétalos que se posan en lo más adentro de mi alma, dejando su color rojizo para nunca olvidar. Para nunca caer en la horrible tentación de olvidar.
Ser siempre recordado. Ser devorado por los críticos y...en fin, bailar.
Y entonces la vi, entre el público, emocionada. Sufriendo la danza.

Bailar hasta morir, bailar para vivir...

"¿Pero quien es el artista,
el que ama, el que llora,
el que ríe sin parar,?
El artista es el que desde el alma,
es capaz de enamorar. "



Gracias; por hacerme llorar, por hacerme sentir una inútil, porque...no supe que eso sería necesario hasta que me vi bailando, allí, como una profesional y...gracias. Y cuando me dijiste:" Sé que es más fácil tirar la toalla, pero tienes que luchar por tus sueños y no rendirte".






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domingo, 25 de mayo de 2014

La fachada perfecta

Tras aquella fachada perfecta, extrovertida, risas, belleza, se encontraba aquella insegura aún niña, con miedos y angustias. Me dolió que te hicieras la dura para ocultar tus sensibilidades, que crearás una burbuja de falsa perfección para tapar tu verdadera identidad. ¿Qué extraña fuerza había hecho tales cambios en ti? Tal vez la presión de los demás, esas personas que te obligaron a ser como ellos querían que fueses. Y los seguiste, a tientas, como una ciega, construiste tu nueva personalidad.
No dejaste que una nueva bombilla se encendiera en tu interior, decidiste recorrer ese camino a oscuras, tu sonrisa ya no alumbraba, tu mirada estaba cubierta por capas y capas de mentiras que te impedían ver la realidad.
Y ahora mírate, corriendo por la arena sin dejar huellas, acabarás por morir sin dejar tu esencia.




Me costaba demasiado reconocerte en tus actos, en el aura oscura que te rodeaba, ¿ocultas tus miedos para parecer fuerte?


Tu eras perfecta, tu simpleza, tus defectos, eso te hacia la persona ideal. Ahora no eres más que otra igual, poseída por las tentaciones del mundo, carente de ilusiones o esperanzas, viviendo la vida al límite sin prudencia, rompiendo ventanas, rompiendo puertas, ¿no puedes esperar a que se abran, a que te lleguen esas oportunidades antes de rechazarlas?




Yo te habría prestado mi ayuda cuando me la hubieras pedido.

Y ahora mira, el terremoto ha terminado de destruir tu fachada perfecta. Y la desnudez, la suavidad de tu piel límpida por tantas tormentas y lluvias torrenciales, ha salido a la luz quien verdaderamente eres. Y tras el invierno llegó la primavera. Pero las flores no decidieron salir ese año, tu ya no estabas para regarlas, para disfrutar de sus colores y olores, para escuchar la melodía de los pájaros o para sentir la ligera brisa de las noches estrelladas.
La persona a la que queríamos ya no está.
Ahora eres otra.
Y me duele tanto...





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sábado, 24 de mayo de 2014

Como al principio

-Caminas recto. Barbilla alta. Sonrisa en la cara. Ojos brillantes. Muestras, enseñas lo que te pidan ver. Brillas. Con la luz de un foco ajeno. No puedes definirte porque no hay palabras suficientes para definir cómo te sientes. A decir verdad, no eres nada. Eso es lo peor, darte cuenta de que no eres nada. Y en el vacío que dejas en el mundo porque huyes de ti misma nadie piensa. Quizás es por eso por lo que cada vez que tus manos tiemblan, echas a correr. Quizás es por eso por lo que no eres capaz de sostener tu propia mirada frente a un espejo, por eso no eres quien de llorar a escondidas, te avergüenzas ante ti misma. Es triste, ¿sabes? Muy triste. A decir verdad, tú misma te hundiste.-sonreí con retranca mientras pronunciaba esas palabras, sabía que le iban a doler, sabía que estaba sufriendo. Lo sabía, pero no me importaba lo mucho que pudiera llorar. Quizás en ese momento sí me consideré un alma cruel. ¿Qué podía pasarme? ¿Iba ella a condenarme? No se puede condenar a quien alguna vez llegó a sentir. No hablo de amor, no. Hablo de orgullo, de ansia, de agonía, de tristeza, de apatía, de felicidad, de alegría, de vida, de muerte, de paz, de guerra... de todo. Pero ahora ya da igual. Da igual porque ni siquiera puedo inspirarme viendo sus lágrimas caer. Porque la odio. Te odio y quiero verla morir. No necesito razón alguna. Simplemente lo necesito.
-¿Por qué?-dijo. Suspirando. Uno, dos, tres. Tres segundos antes de soltar una lágrima más.
-Quería verte llorar.
Sabiendo que lo que hacía era la peor de las cosas posibles, se lo dije. Quizás era la rabia que ante ella sentía. Quizás estaba harta de hablar de amor. Quizás me apetecía mostrar el lado oscuro de las cosas. Solo quería dejar que la sangre dejara un momento de fluir. Me entusiasmaba la idea de realizar un canto a la muerte. Ni siquiera lo justifiqué. Odiaba todo en aquel momento. Quería verlo todo caer. Desde el principio al final. No lo hice por considerarlo justo. No lo hice por nada, por nada lo hice. Porque nada hice por no hacerlo y lo hice todo por no hacer nada. Por eso y porque quise odiarte. Me apetecía, me lo pedía el cuerpo a gritos. ¿Qué podía hacer? Lo quise y lo hice.

Después te fuiste. Te fuiste y así me quedé. Me quedé como había empezado. Sola.




viernes, 23 de mayo de 2014

Locura y desencanto

Y...

    El primero, había enloquecido por amor, poseído por los huesos de ella. No tenía la llave de su corazón y cayó loco. Una locura imparable.
La deseaba. Deseaba escapar con ella a otro mundo. Y lo hizo; abandonó la calma para empezar a vivir de verdad.

                       






 El segundo, deprimido, guardaba la esperanza de enloquecer porque no se creía digno de cordura.

       



El tercero,vagaba por las calles mendigando una copa más. Solo una para calmar su sed de alcohol.









           
La cuarta había enloquecido presa de las apariencias. Obsesionándose con su cuerpo hasta enfermar.






     La quinta era tan perfecta que se envenenó con las mentiras de su falsa apariencia.


Y allí estaba yo, en el medio, proyectándolas.






No sería desencanto de no ser porque primero me encantaste; me hechizaste. 



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jueves, 22 de mayo de 2014

A prueba de balas


-Quise llorar, pero no pude dejar de reprimirme. Consumirme por dentro fue mi opción. No pude soportar la tentación de morderme los labios hasta que de ellos saliera sangre. No importaba el dolor físico. Mientras los ojos se me llenaban de lágrimas tú sonreías con satisfacción. Quizás es ese el más trágico de los finales. Acabar con toda una vida de golpe.  Sigo sin arrepentirme de no haber podido gritarte, de no haber podido mover un solo músculo. Sigo sin arrepentirme pero me siento culpable. Y no soy capaz de pasar de este punto. Y, puede que a estas alturas ni siquiera recuerdes mi nombre. Pero yo te memoricé y estás grabado a fuego en mis venas. Memoricé el color de tus ojos, el sabor de tus labios, la anchura perfecta de tu sonrisa. Memoricé cada instante que en tu vida estuve, tus noches sentado en el piano... buscando inspiración. Me tocaste esa canción de Amèlie. Memoricé el número de respiraciones que dabas antes de poner sobre mis labios los tuyos. Todavía recuerdo el aroma de ese perfume tuyo, ese que usabas para venir a verme. Me recordabas a la vida, cuando yo solo veía muerte. Conseguías ver en mí todo lo que nadie veía. Lo conseguías. Viniste a mi vida, llegaste. Llegaste con fuerza, abriendo las ventanas de mi alma de par en par. Dejabas entrar la luz en mi cuarto, porque decías que me iluminaba la piel... Decías que la luna hacía que mis ojos escintilasen ante ella. ¿No sabías que era causa de tu presencia? Eras conocedor, y además lo afirmabas al mirarme de aquella forma. Soñaba viviendo en tu mirada, vivía soñando en tus ojos y caía rendida en tu sonrisa. Eras perfecto. Me ayudaste a salir de en medio de todo aquel cúmulo de pensamientos enturbiados que era mi mente, conseguiste hacer que volviera a sonreír. Todavía sonrío hoy por tener en mis manos tu recuerdo. El recuerdo de tu voz hace que mi corazón quiera volver a latir como antes lo hacía. El mundo se pasaba cuando tomabas mi mano y me invitabas a seguirte, tenías aquella obsesión con mis imperfecciones. Y yo me obsesioné con descubrirte, con averiguar la complejidad de tu ser. Porque a tu lado absolutamente todo parecía sencillo. Llegué a amarte, a quererte, a echarte de menos entre respiración y respiración, llegué a añorarte cuando te ibas, cuando soltabas mi mano. Tenía miedo de perderte, en mis peores pesadillas no aparecías tú. Era tu ausencia imaginativa lo que a mi ser destruía. Me destruía y me destruye... más todavía que ahora no digas nada.

El silencio se escuchó en el ambiente. Reinó la paz durante unos instantes, menos en su atormentada alma. Con ojos enardecidos por la rabia contenida, envueltos en lágrimas por la emoción descubierta. Ella se levantó con dificultad de aquella tierra santa. Posó su mano sobre la lápida y, pronunciando unas breves palabras en el más absoluto de los silencios, miró con cariño el lugar.

Echó la vista atrás y vio vació, una lágrima se escapó de ella como los pájaros que huyen hacia el sur. Por fin, después de tanto tiempo, había logrado soltar sus escombros, sus cenizas más sinceras. Suspirando, exhaló las finales palabras para dar por concluida aquella conversación:

-Es increíble que después de tanto tiempo, después de haberme roto, de haberme tirado al suelo... pueda hacerme sonreír tu simple recuerdo.




martes, 20 de mayo de 2014

Invierno


Un día, de repente, sientes que el invierno vuelve a tu vida. La sensación de frío es tan grande, te sientes solo, sin protección, vulnerable ante cualquier desviación del camino. Sientes que te caes con la facilidad con la que una piedra se hunde en el fondo del océano que de tristeza inunda tu ser. Sientes tu vida desplomarse y no volver a levantarse intentar. Confusos tus ojos buscan un posible camino hacia la luz. Mas... esa tristeza pesa tanto... Cuando consigues ponerte en pie tras la más dura de las caídas iniciales, son tres pasos los que necesitas para volver a perder la noción. Vuelves a desplomarte y, todavía con más fuerza. Y en ese momento no puedes más. No puedes más. No puedes. No.

Niegas, niegas. Mas, tal vez, algún día te arrepientas. Te sientes como esas frágiles notas que a duras penas se sostienen en la melodía, esas notas que agudizan sus llantos para proceder a sollozar los suaves sonidos que a su paso dejan... y queda una sensación de silencio en tu vida. Y te percatas de que esa ausencia, esa carencia que el amor ha dejado en tu vida... estará ahí para siempre. Ahora los lastres de tu pasado se quedan como la banda sonora de tu llanto, en el que te preguntas los porqués de tu desgracia. En los que sientes, otra vez, la debilidad de un vaso de cristal en tus cuerdas vocales cuando quieres articular palabra.

"¿No somos eternos? Era tu promesa. ¡Lo prometiste! ¡Lo prometiste! Juraste que nunca me ibas a mentir". Ahora te desvaneces como el calor que antes tus brazos me daban. Y te veo desaparecer de mi corazón, y duele. Duele más que ver cómo lo destrozas, cómo mis lágrimas no son bien recibidas en tus manos. Y me las tengo que tragar, junto a mi orgullo. Que deja su rastro a medida que veo cómo te vas.

Cierras la puerta de mi alma y no hay sentimiento que pueda reconocerte. Entonces, como en la contemporaneidad de la vida, los gritos desgarradores, destrozadores de vidas comienzan su son. Las lágrimas afloran y vierten a manantiales los restos de una pasión. Y la sangre fluye por mis manos al describir las palabras de rabia que siento al escribir mi odio apasionado hacia ti.

Porque la injusta melodía que escucho mientras pienso así me lo indica. La infinita belleza me guía y no puedo evitar dejarme llevar por las agudas notas, notas que dejan mi corazón volar. Y con cada suspiro, respiro. Aliviada. La música vuelve a comenzar y mis manos se mueven como si la melodía saliera de la punta de mis dedos. Y lo siento. Siento que tras tu huida por fin tengo el control sobre mí. Una lágrima cae sobre el papel. Y es una sensación amarga. No la puedes conocer. Porque tú jamás conocerás esto. Y si lo haces no lo sabré. Porque te has marchado... te has marchado y no vas a volver. Nunca. Nunca, no lo permitiré. Cada tempo, un verso, cada verso corresponde a una palabra, un sentimiento que escribo. Porque la música me lo dicta. Y, me pregunto cómo he podido ser tan ingenua todo este tiempo. Porque yo era los puntos sobre las íes que tú escribías. Nos completábamos, siendo yo la falta de ortografía y tú el punto y coma en mis ideas. Ambos innecesarios pero convenientes. Y nos conveníamos... nos conveníamos tanto...

Antes de borrar de mi memoria tanta sonrisa y llanto, me gustaría saber si tú realmente me quisiste querer alguna vez. Nada cambiará ya mi melódico pensamiento. Me dicen que debo dejar de amarte, y así debo quererlo. Tenerte era mi sueño imposible, lleno de posibilidades de contemplarte... mas ahora... después de releerte, tu sorpresivo final de ensueño deja de sorprenderme y de encantarme. He dejado de creer en fantasías de sueños llenos de besos, lo he dejado porque tú me has dado la prueba de que no vendrás. Porque te has ido... te has ido y la puerta has cerrado.

Y ahora respiro.