martes, 29 de abril de 2014

Hechizada


Continué mirándola, pensando que aquella mirada era digna de ser llamada divina, me quedé mirando a sus ojos infinitos como su eterna alegría. Observé detenidamente su sonrisa y me di cuenta de que, realmente, me estaba enamorando de ella.

Mi corazón palpitaba tan fuerte y mi mirada revelaba mis verdaderos sentimientos hacia ella. Entonces fue cuando me di cuenta de que el amor no es nada premeditado y solo cuando lo alcanzas, es cuando eres consciente de su simplicidad y de su belleza, de su complicidad y su necesidad. ¿Cuántas veces había esperado en mi vida aquella mirada de complicidad que ella me dirigió?

En ese momento en el que nuestros corazones se encontraron y nuestros sentimientos salieron a la luz, esbocé una tímida sonrisa. Ella me correspondió con una mirada cargada de ternura. Y esa mirada fue la auténtica prueba de que aquello que había encontrado era el verdadero amor, ese amor incondicional, sin límites, sin fronteras, sin fin... ese amor perpetuo, ese amor que busca la eternidad y la libertad. Un auténtico amor, que no entiende de cadenas ni opresiones, no entiende de distancias ni de engaños.

Mi corazón quedó aturdido ante aquella mirada penetrante, y solo entonces, logré balbucear breves palabras. Unas palabras que salían de mi boca y se perdían entre los suspiros que exhalaba, unas palabras que no lograban ser encontradas por su destinatario, que impedían ser recibidas... culpables, mis nerviosos labios.

Nos acercamos el uno al otro, lentamente, sin pararnos a pensar en el tiempo. Fue ahí, cuando comprendí por qué el tiempo es barrera. Cuando comprendí que la piel es un obstáculo cuando buscas contacto con el alma.

Estando ella y yo a menos de un suspiro de distancia, acercamos nuestras manos hasta poder tocarlas. Mi mano temblorosa y fría. Mi mano impaciente y deseosa. Acercamos nuestros labios al tiempo. Cerré mis ojos, esperando aquello, aquella sensación que llevaba ansiando tantas noches pensando en ella, en tan solo verla una vez más.

Rozando nuestros labios estaban. Entonces sentí el frío, el frío de la crueldad y la traición, la suavidad de una puñalada, la genialidad de un asesinato y las lágrimas asomando a mis ojos. Notando la angustia en mi garganta y el sufrimiento en mis venas me separé de sus endiabladas garras.

Lo que vi a continuación, consiguió dejarme apenas sin aliento. Frente a mis ojos, una mirada maquiavélica se mostraba y una sonrisa tétrica ensombrecía aquel bello rostro al que yo adoraba, creí ver su alma tornarse malvada y su corazón ennegrecer. Entendí las sinuosas formas que mi mente enturbiaban y mis ojos cegaban, hasta tal punto de no conseguir, siquiera, oír la maléfica risa que en el aire se escuchaba. Y sentí miedo. No, miedo no. Más bien sentí auténtico pavor de aquella imagen que ante mí se levantaba.

A continuación, pude por fin escuchar con claridad aquella risa que a mi corazón asqueaba, aquella risa satírica y burlona que por sus labios escapaba.

Y la golpeé, la golpeé con todas mis fuerzas. La estampa que antes estaba, desapareció ante mis ojos, rota en mil pedazos. No pude contenerme y destrozar aquellos trozos de cristal.

Miré mis manos, llenas de sangre ahora. Desencantada por aquel hechizo, salí de la habitación... no sin antes ver un reflejo de mí misma en uno de los trozos de aquel espejo que yo misma había destruido.
 
 
 

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Preciosa la imagen....



¡Que ganitas...!

lunes, 28 de abril de 2014

She is like fire.

Ella es como fuego.
¿Y porque?
Porque es capaz de quemar corazones, hace arder mi alma. Me hace daño a la vez que derrite mis penas heladas.
Porque me hace olvidar el pasado, quemando las páginas antiguas para empezar un libro nuevo.
Porque quema mis deseos hasta que desaparezcan en el viento.
Y cualquier ápice de esperanza lo hace arder también.
Pero a la vez es tan...irresistiblemente cruel, que me hace arder a mi también.

Ella es una melodía nueva. Me pregunté mil veces si estafría muerta, porque ¿que es estar vivo? Es dar vida a los que nos rodean. Pero ella no se aplicaba el concepto. Para ella estar viva era hacer lo que le apeteciera. Dañar a los demás sin limites y a lo largo dañarse a si misma.
Juro que la quise.
Juro también que la creía perfecta. Llámame loco, porque me enamoré de ella locamente.
Júzgame, criticame, créeme un imbécil por amarla tanto.

Lo fui, demasiado. Pensaba que era...diferente.
Pensé que ella me haría feliz.
Ella...bonita palabra que no significa ya nada, tantos deseos y tantas miradas. Sonrisas lejanas en un temprano día. Tal vez demasiado ingenuo, tal vez loco, sí.
Pero deseoso de estar a su lado.
"Eso todo es la vida, tan cruel; primero te hiela y luego te quema. ¿Y la muerte?
La muerte es un adiós más de los muchos que se entonan en el camino hacia la libertad."

domingo, 27 de abril de 2014

¿Por que? Porque fui presa de una mentira.

Me preguntaste por enésima vez que era lo que me había cambiado.
No supe contestar.
Sabía la respuesta.
Pero no me atrevía a hablar.
Era difícil decir,
que aquella no existió,
que la persona a la que quisiste,
esa jamás fui yo.
¿Y porque fingía ser otra,
si yo valía demasiado?
La respuesta esta en la luna
que tanto me ha influenciado.
Ella puede mover mareas,
anunciar que entra la noche,
hace salir a las estrellas,
que lo hacen sin reproche.
Pues ella siempre me decía,
cambia tu forma de ser,
si abandonas tu cordura,
jamás podrás crecer.
Como una loca, que lo era,
me fui acercando a su piel,
amarrando mis deseos,
en su dulce amor de miel.
Y por ello hice locuras,
rompí los lazos de mi alma,
Empecé a ser alguien,
a quien ni un cielo azul le salva.

¿Como es que me di cuenta?
Acudí a tus llamadas,
cuando decías a voz de grito mi nombre,
sin resentimiento apenas.

Quisiera ser una vividora,
la bebedora compulsiva del elixir de la felicidad.

"-Debes continuar con tu vida.
-Pero es que tu eres mi vida ahora.
-No.
-Tienes razón; mi vida es demasiado imperfecta como para compararla contigo. 
No dijo nada más, simplemente sonrió tristemente y bajo la mirada. "


Y todo esto ahora ¿por que? Porque fui presa de una mentira, y obtuve la libertad de simples fantasías. 

sábado, 26 de abril de 2014

Aquella que no buscaba ser princesa


Eras la luz del extrarradio. La que a la vida llevaba demasiado deprisa. Buscabas vivir como nadie y morir como ninguna otra. Hallabas en todo la oportunidad para golpear tu pecho y gritar quién reamente eras. Y enamorarte, como nadie antes lo había hecho... querías vivir la vida de la propia existencia, una metamorfosis limpia y perfecta... en la que no te recrearas en ti, ni llegabas a destruirte. Simplemente transformarte.

Era tu éxtasis. Tu más pura adicción de su interminable lista dentro de tus venas. Aquella de las miradas a distancia que buscabas por las esquinas, aquellos días en los que buscabas la atención de las calles. Eran tu más cara obsesión, aquella que más te costó alcanzar.

Con tu apariencia elegante, tus andares que rendían sonrisas a tus pies. Aquellas miradas de amargura que distribuías en la cuidad, aquellos ojos que solo tú sabías poner. Aquellos que te hacían confesar verdades inconfesables, aquellos ojos que llegaban a enamorar. Pero solo en exceso.

Era excesivo el control que ejercías sobre aquellos que creían tener el poder. Eras la más infalibles de las justicieras. Todos, deseando llegar a conocer el secreto de tu seducción, llegaban a cometer auténticas locuras con llegar a estar en algún ángulo de tu observación. Jugabas a ser una diosa, jugabas con el control del poder que obtenías, jugabas a ser la mejor jugadora, jugabas y acabaste perdiendo.

Perdiéndote en tu propio laberinto que con tus mentiras llegaste a levantar.

Y dejaste de ser aquella chica que con canciones se inspiraba, aquella de la melena teñida de color. Aquella de la sonrisa pintada en la cara. Aquella del tatuaje de un corazón. Aquella que no buscaba ser princesa, porque había erguido su propio reino en sus sueños. Esa chica que hablaba de la música como ausencia de una misma, la que la tristeza guardaba bajo llave y enterraba en el jardín de su palacio. Esa chica que acompañaba de dulzura tus tardes, tus mañanas y tus días. La de los ojos de niña. Ese espíritu libre y cautivo, alma rebelde, corazón sumiso, ser revolucionario.

Torbellino de emociones, tu  presencia. Hacías que siguiéramos creyendo en el cambio. "Si hay un futuro lo queremos ahora. Hay un tiempo y lugar para morir", decías, buscando inspiración en una de tus melodías favoritas. Porque tú eras simplemente una canción, esa que estabas todo el día tarareando porque no había quien de tu cabeza quisiera sacarla, ni intentarlo, siquiera.

Porque tu simple recuerdo vive enterrado en lo más profundo de mi mente más privada, en el lugar más recóndito de mis pensamientos. Eras la única excepción que se salía de la regla. Vives anclada a mi existencia, como si tus suspiros todavía fueran tangibles. Porque no permitiré que tu ser sea nunca olvidado por el mundo.

Simplemente no pertenecías a este mundo, y esa fue la causa de tu huida y tu éxito. Moriste como nadie lo había hecho, decidiste tu momento y lugar. Porque rozabas los límites de la propia locura por alcanzar la perfección absoluta. Tu demencia te había robado poco a poco tus respiraciones. Necesitabas una prueba de que nada de esto era un sueño.

Y fue cuando descubrimos la razón de tu poder, esa que se definía en la sencillez con la que afirmabas dormir con unas gotas de Channel Nº5. 
 
 

viernes, 25 de abril de 2014

Vuelve a mí

Vuelve, eres la más dulce de las palabras,
una caricia al alma,
no hace falta que me des tu sonrisa,
dame esa agonía tuya,
dame tus problemas y me conformo.
Sé que me falta una persona,
por ello me sobra todo el mundo.
Te pido que vuelvas,
que no rompas nuestra cuerda,
desde que no estás...
me alimento de esperanzas,
nutriendo mi tristeza de mentiras.
Son suspiros retenidos,
los que empañaron tus ventanas,
¿y ahora ya no me ves?
¿estás por odio cegada...?
Y es que sencillamente te fuiste,
desvaneciendo tu persona con el viento,
ahora se que en común,
solo quedan los recuerdos.
Ven. Demuestra que estás viva,
porque pareces un cuerpo sin alma,
un hogar sin más que fachada,
sin  fuego ni hielo,
solamente meros versos,
pintadas descontinuas,
intentando definir el paisaje de tu alma,
la obra de arte de tu personalidad,
tapada por la rabia,
por la manta de la inseguridad,
y las miradas falsas.
Escondida bajo el telón del "que dirán...",
reteniendo lo mejor y lo peor.
Pero ¿sabes? a mí me da igual,
no temas.
Si me das tus defectos yo con ellos me conformo. 

Entonces, ¿vuelves? Recuerda; no tienes por qué, no soy ningún buen motivo, pero para mí no existen imperfecciones en tu alma. Ojalá todos estuvieran hechos con el mismo patrón que tu, no habría guerras, y apenas problemas. Pero no, pensándolo mejor; lo más bonito de ti es que eres única. No cambies. 



jueves, 24 de abril de 2014

Another love song



¿Frustración? La mayor de ellas. De las vidas la mía la peor. De los amores el más trágico el mío. ¿Culpables? Solamente yo.

Sigiloso atacante, bandido ladrón, sin quererlo, sin percatarme, robaste mi corazón. Y es que cuando pienso en ti todo suena a rima, todo es bello, todo es melodía. La mejor voz, la tuya, llamándome por mi nombre, descubriendo tus ojos en lo desconocido, teniéndote tan cerca.

Querré seguir negando lo evidente, pero lo evidente es impensable.

Me parece que mi nombre queda hermoso entre tus labios, que me gusta la forma en la que me miras y que cuando me hables yo me quede callada, sin saber qué lenguaje usar, más que el de la mirada de enamorada. Ese lenguaje que transpiro.

Sin, embargo, tan desdichado es el tiempo, que los recuerdos quedan, mientras yo sigo contemplándote. Y tú sin querer evitarlo, me encandilas cada día más. No queriendo tener nada más que mi rostro entre tus manos. Procurando caminar pisando las fronteras de la imaginación. Mas, ¿cumplir mis deseos? No, no hay valor.

Esa falta de coraje, que no es más que el temor de un futuro incierto. Incomprensible y todavía invisible a los ojos de mi corazón. Cuando quiero darme cuenta, estoy soñando contigo, hasta terminar creyéndome mis propias fantasías. Me obligo a negarlo. Dos veces. No.

No sé qué me impide traspasar las barreras del tiempo. Creo que es la cierta posibilidad de hacer cumplir lo que realmente quiero. Paradoja extraña, ¿no es cierto? Que yo por querer, quiero un mundo, mas solamente a tu lado lo quiero. Pero, es curioso que a la vez, sienta reparo en verte aquí, a mi lado.

Y otra vez ya estoy, en mis fantasías, soñando. Y es que vivo así, contigo en mis pensamientos. Donde tus abrazos son nada más que un suspiro, donde tus besos son nada más que mi sustento. Donde las frases que pronuncias, son lágrimas en el viento, donde mi vida y la tuya, son simplemente un sueño.

Llego a este punto y escribiendo, me atrevo a preguntarme, ¿será amor, realmente lo que siento? Supongo que lo será, pero solamente si amarte significa tenerte en mi mente cada segundo desde que el sol despierta, hasta que sus últimos rayos son simples segundos más. Sólo si significa que me acompañes en los más hermosos de mis sueños, si significa que te observo e intento leerte, mas no puedo. Si mi mirada siempre te encuentra, aunque los problemas de la vida quieran que la tuya no me encuentre a mí. Si amarte significa no llegar a comprender la complicidad de todo lo que siento por dentro cuando te miro. Entonces sí, te amo y no me avergüenzo de ello.

Una última cosa por aclarar, antes de dar por terminado este encuentro entre yo misma y las verbas que escribo. Decreto que yo, a día de hoy, vivo no por más que tu simple presencia.

Quiero poder tener la oportunidad de llegar a tenerte. Esa es mi mayor frustración. Pues nunca me había sentido no correspondida, en cuanto a amor se refiere. Y no, sé que puedes llegar a pensar que quiero que me quieras por el hecho de tener y de dominar. Pero no. No podría ser libre así. Quiero que me quieras, por el simple hecho de que cuando me mires sientas tanto amor que no puedas contenerte, quiero que me quieras libremente, porque así lo ordena tu corazón, quiero que llegues a entender lo que yo siento cuando me hablas, quiero ser el mejor de tus sueños, quiero que me quieras por amor.

 No te pido mucho, no quiero que me agasajes, no quiero sueños comprados con dinero, no quiero cosas materiales, nada que pueda romper tirándolo al suelo.

Tan sólo quiero que me quieras. 
 
 

martes, 22 de abril de 2014

Y susurré tu nombre


Entonces, desmoronándome en lágrimas, destrozando mi garganta en aullidos de dolor, me dejé caer en el lugar más remoto existente sobre la faz de los sueños. Desgarrándoseme el alma, afligida por el horror de ver mis últimas horas contadas en el minutero del reloj.

Caminando en la bahía de los corazones desgastados, dejando llorar en vida gritos desesperados, y dejaba aflorar mi ira, mis bienes más preciados, el tiempo se paga con vidas. Pues quién no sabe que tira al mar una flor, quién no conoce el daño que una vez impartió... sobre todas las cosas, duele ver con sentimiento la sangre emanar a través de la piel, la sangre que con el viento se oxida... al igual que del tren la vía, cuando afectada por los años se vio.

No hay puñal más afilado que el de quién realmente quiere morder tu corazón desgastado. Y nunca quise huir de todo, sabiendo lo que me condenaba, la bala de plata que me arrojabas, la daga de mis heridas... la mejor de las cartas de tu baraja perdida.

Y desangrando mi vida en los últimos instantes, una ilusión se posó delante. Una delicada mariposa negra, que orgullosa veía revolotear, cuando el futuro que corría por mis venas no mucho más podía aguantar. Vi, en aquel momento, cada instante renacer, cada rincón del lugar, cada gota de lluvia yacer. Y todo se tornó confuso y emborronado, borroso, frío, apagado, la oscuridad me consumía y yo simplemente mi mano erguía en busca de felicidad.

Entonces comenzó el dolor su incesante baile de nuevo, comenzaron viejas heridas a aflorar, cuando quise darme cuenta después de intentar olvidar. Y me desorienté. No sabía muy bien mi nombre, solo importaba en quién realmente me había convertido después de tanto y tanto dolor recibido. En aquellos momentos en los que pensaba en quererte.

Y entonces me di cuenta de que es mi propio grito desesperado el que me ahoga con sus manos, de que es el frío viento de un futuro incierto sin distinguir en la lejanía, de que es la angustia de un sueño perdiéndose en la penumbra. Eso es a lo que la vida mía atormenta y a la sonrisa ahuyente mientras el alma llora, llora desconsolada sin más abrazo posible que el de un anhelo... el anhelo de escuchar tu risa. Y quién pudiera reconocerte en mis falos sueños, en la más falsa realidad imaginativa que a mi cuerpo sustenta.

Y mientras el dolor me iba consumiendo como se consume una vela, mi alma iba atormentándose en pecados, y los gritos de mi espíritu... esos gritos que en mi cabeza resonaban, haciéndome cumplir la más terrorífica de las muertes.

Y comencé, poco a poco, a desangrarme. Veía mi vida correr, formando arroyos de impotencia, pequeños ríos de amargura en los que no cabía más agua que la de mis propias lágrimas que tornaban en fríos trozos de hielo cuando tu recuerdo veía aparecer. Y mi propia sangre se heló cuando sentí a tan siniestra presencia venir a buscarme, cuando comencé a sentir la luz acercándose hacia mí. Buscando en lo desconocido estaba, y nunca llegué a encontrarte. Ni siquiera cuando con mi último suspiro en vida, susurré tu nombre.
 
 
 
 


lunes, 21 de abril de 2014

Especial


Descubrí en tus ojos, 
el cobijo para mi alma,
lo que en ellos encuentro,
para ser feliz me basta. 

Lo que crea en mi alma
tus pupilas acristaladas,
descubro por fin la magia,
que de ella emana.

Tu sonrisa traviesa,
que mis dudas despeja,
tu caricia perdida,
que mi tristeza se lleva.

Tu armoniosa risa,
me produce sentir,
alegría inimaginable,
que antes jamás viví.

La sencilla melodía,
de tu llanto,
despierta en mí,
un temible espanto.

Si entristeces en mis brazos,
me dejaré morir,
pues te aseguro que sin ti,
jamás podré ser feliz.

Si te quedas enganchado,
en la red de la amargura,
te liberaré de sus garras,
con infinita dulzura.

Si me tomas con cuidado,
y me llevas hasta al cielo,
abrazaré las estrellas,
sin mayor impedimento.

Compartimos pasiones,
gustos, y promesas,

deseos infinitos,
increíbles certezas.

Tejimos de basta lana,
una bufanda irrompible,
para que la herida de nuestro amor,
nunca jamás cicatrice.



Pero ahora si me dejas,
ahogaré mi soledad,
en las miles de lágrimas,
que mi alma derramará.



Estoy perdida, porque te perdí, porque me pierdes, porque te perdiste de mis manos.







domingo, 20 de abril de 2014

Horizonte despejado

Querido amigo: 
Me gustaría poder asegurarte un horizonte despejado. Libre de problemas, de embrollos diversos. Cargado, simplemente, de felicidad. Lejos de la agonía de mundo.



Me encantaría poder regalarte eso y mil cosas más. Asegurarte una sonrisa. Un amanecer nuevo cada día, un anochecer sin temor a no despertar nunca más de ese sueño. 
Pero ¿sabes? Es difícil, porque si te deparo un futuro ideal; tal vez me equivoqué. Si construyo un castillo de naipes tal vez venga un viento y se desmorone. 
Mira más allá de las barreras. Observa lo que hay después. Son mil promesas, que se han quedado ancladas, apartadas, marginadas, fuera de la realidad. Pero al menos han volado, han intentado vivir, pero se han perdido en el camino. 
No quiero que pase eso con mis palabras, quiero que sean tan fuertes que no puedan perderse. 
Tu no deseaste vivir en un cuento, en una fantasía. Quisiste hacerlo en una realidad, creías que yo te la proporcionaría, te daría unas alas para surcar el cielo, y el cobijo para que no pasaras frío al hacerlo. 
Lo intenté, quise cultivar el presente para obtener frutos en un futuro. Frutos que tu recogerías de la semilla que yo planté. Frutos que saciarían tu hambre. Lo intenté.
Quise dejar el viento libre de mentiras para que pudieras respirar simples verdades. Para que te nutrieras de realidades. 
Rompamos las distancias. Recontremos los tiempos, los lugares, los momentos. Unamos el presente y el futuro con un fuerte pegamento.
Simplemente lo estropeé. Cambié lo deparado por el destino. Quemé la página de el donde estaba escrita tu felicidad. Te inundé la vida, solo espero que no te ahogues.  

No me culpes. Era solo una niña, quería vivir mi presente, no temía a la casualidad. No me odies. Creí hacer lo correcto, llevando las riendas de mi vida sin pensar en las consecuencias.
Pensé en mi propio bienestar. Aseguré mi propio futuro. MI PROPIA FELICIDAD. Siento ser tan cruel. Siento no haber cumplido con las promesas del destino.

Programé el mundo para que girara a la vez que yo lo hacía. Para que cuando yo me apagara el se apagara conmigo. No te imaginé, ni a ti ni a nadie. No imagine que el batir de mis alas te iba a hacer desgraciado. 
Te hablo desde el pasado. Siento haber arruinado el mundo, futurista. Siento haber impedido el progreso. Ya no hay forma de arreglarlo, ¿o sí la hay...?







sábado, 19 de abril de 2014

Simples recuerdos


El estar en ocasiones tan cerca de la muerte, o puede que estando en muertas ocasiones tan cerca, o quizás sufriendo algún que otro homicidio al alma, algún que otro disparo al pecho y se desangra el sentimiento, mientras dejas caer tus alas; el estar tan y tan lejano a la vida en determinados momentos, el estar al borde del abismo, a punto de precipitarte, estar en contados instantes dejando a tu ser salir de tu cuerpo, experimentando sensaciones extracorpóreas de dolor y sufrimiento.

Puede que en alguno de estos momentos, sí que te haya tocado vivir, o más bien dejar de existir soñando, quizás te hayan ayudado a abrir los ojos de una vez por todas. Quizás te hayan ayudado a comprender que no todo es tan maravilloso como así lo pintan, que quizás las cosas nunca cambien, que es probable que te cuenten una mentira en cuanto dejas de prestar atención a lo que te rodea.

O, por otro lado, puede que te haya demostrado el auténtico valor de la vida, el estar tan cerca de la muerte. Quizá te haya enseñado la valía de unas horas perdidas en lo que sea, mirando u observando. Porque, aunque no lo creas, la vida es un sueño.

Y no, no me refiero a que la vida sea un sueño en el que estamos sumidos, pudiendo algún día despertar. Me refiero a lo maravillosa que es la simple existencia. ¿Te has parado a pensar un día en lo ideal que sería comenzar realmente a vivir? ¿En la perfección absoluta de un día "perdido"?

Un día perdido... a tu lado, ¿quizás? Nada se pierde, nada se olvida, nada es eterno y tampoco efímero. Todo es continuo y sencillo. Nada se complica cuando realmente estás en busca de la felicidad. Aunque todo lo puedes apartar, nada desaparece.

Un día no se pierde cuando descubres que hay cosas más importantes que preocuparse por sobrevivir, cuando estás más concentrado en avanzar, en no mirar atrás, no al menos sin cariño, todo comienza su incesante girar. Porque aunque no encuentres la señal que te indica qué debes hacer, siempre verás un pequeño destello de esperanza.

Sin embargo, el estar tan cerca de dejar de latir en algunas ocasiones, puede que te haya servido para invitar a las lágrimas asomarse en tus ojos tras evocar un recuerdo, un pensamiento, un olor, un sabor, un amor perdido, el destello de algo que nunca sucedió. Y sí, puede que eso solo sea un simple recuerdo, un simple recuerdo que es la esencia que te ha ayudado a continuar con vida, ese instante que perdiste a punto de morir.

Porque los recuerdos, para muchos, no son más que lastres de un triste pasado, al que no quieren dar importancia... pero, por más que lo intentan, no pueden evitarlo. Lastres en el fondo de un baúl de tristezas, encerrado en el desván de tu pensamiento. Ese baúl de tristezas que tienen miedo a abrir porque no se sienten capaces de enfrentarse a una rememoración de una vida anterior, inofensiva a vista de muchos, letal y mordaz  para otros.

Porque aunque solo sean simples recuerdos, pueden provocar un incendio en tu interior. Pueden hacer que comiencen tus labios a estremecerse y no tengas otra salida más que romper a llorar. Pueden despertar tu odio y tu nostalgia, tus silencios y tus gritos, pueden llamar a la calma, pueden hacer que florezca en ti el más puro sentimiento o bloquear tu alma con el peso de una roca.

Pero continuará habiendo gente que no consiga darles el valor que  merecen. Gente que piense, "¿Y qué? Solo son simples recuerdos".

Contra esto yo digo que si son capaces de lograr en ti hallar un sentimiento, dejan su simpleza a un lado. Porque continúo creyendo que es más fácil que brote el agua de la estéril roca antes que escuchar salir de tus labios un "te quiero".



viernes, 18 de abril de 2014

Y que decir

Y que decir de aquellos días, creo que ya está todo dicho. Largas noches estrelladas, tardes sin fin bajo un cielo colorido.
Olores a pino, a hierba mojada por el rocío. Sentidas palabras abrazos amigos.
Senderos que llevan al cielo. Arcoiris de caramelo, dulces nubes de azúcar. Pinturas que imitan vagamente una playa lejana.
Diarios que encierran sabias palabras. Cosas simples que afloran sentimientos. Fotos antiguas de una faz desconocida, pintadas en sepia, desgastadas.
Recuerdos. Tantos hay. Tantos se olvidan. Agujas de un reloj que corren sin miedo a caerse.  Cosas. Mágicas y simples. Sencillas y tan difíciles.
Y que decir...
Que el mundo gira sin más.  Que los corazones laten sin parar. Que el tiempo no se detiene. Que pasan segundos y años.
Pero también decir que nada he olvidado.
Fin♡

jueves, 17 de abril de 2014

Palabras con dueño


Buscarte en cada paso que das. Esperarte en cada ida y venida del viento. Soñar con escuchar tu voz resonar, quitándome hasta el último aliento.

Mataría por encontrarte, por seguirte a todas partes, por verte sonreír. Porque sé que para ti no existo. Sé que he aprendido a interpretar demasiadas señales confusas, demasiados castigos. También soy consciente de que el sol te ilumina la piel, y tus ojos brillan más cuando el cielo se despeja.

Pero tú no sabes que mis ojos resplandecen cuando tú los miras. No eres conocedor del poder que causas en mi mente, ni siquiera de los caminos que yo recorrería para poder descubrirte. Si tomases mi mano, si sólo el destino quisiera juntarnos, al menos una vez, sería el momento más feliz de mi vida.

Pero esta rueda gira y gira, y sigo sin encontrarte en mi vida. Y estoy cansada de tener que observarte desde la lejanía, de ver tu hermosa sonrisa desde las sombras. Estoy agotada de esperar siempre a que la vida funcione. Me hiere las lágrimas el saber que no estás a mi lado, resbalan sangrando por mi corazón, y no puedo evitarlo.

Mas puede que tal vez, y solo tal vez, pueda respirarte. Sentirte de cerca y descansar mi cabeza en tu hombro. Poder borrar una lágrima con la luz de tu sonrisa. Poder perderme en tus ojos, y no querer volver a encontrarme. Vivirte y amarte. Y no sentir dolor cuando te mire.  

Porque tomar aire no tiene el mismo significado. Pues no puede ser junto a tu rostro. Morir de amor es posible, cuando el aliento que exhalas son palabras perdidas. Palabras que ya tienen dueño.

¿Será el dueño de mi destino quien más me dañe en el alma? ¿Será el cruel destino quien me arroje al abismo de la soledad? ¿O tal vez será mi persona, cuyo propio orgullo no me permite avanzar?

Es atracción. Es una conexión entre ambos mundos. Entre nuestras miradas. Sé que es algo fuerte, lo que me mueve por dentro, lo que me encierra dentro de una prisión de soledad. Sin más compañía que un libro viejo y canciones para aprender a olvidar.

Lo que más me frustra es no poder ser fiel a mis propios sentimientos. Siempre con algo que ocultar. Siempre sin algo que mostrar. Nunca mostrando mi descontento. Sin tan siquiera poder desentrañar la raíz de mis propios pensamientos.

Quisiera ser sencilla como la ligera pluma que tú me haces sentir. Mas enrevesada y complicada soy, Dios me hizo así. Mirándote en la distancia, temo que así pueda seguir hasta el fin de mis días, sola. Sin ti.

La distancia no se consume, siempre permanece fiel al destino que nos separó. No me hagas sufrir más, no me hagas lamentar mi propia existencia, no me hagas odiar la vida... Porque a tu lado quiero pasarla.

Quise olvidarte poder, durante aquel estúpido verano. Pero cuando volviste a aparecer después en mi vida, el muro que yo había levantado alrededor de mi corazón, se derrumbó por completo.

Y sí, es cierto que mis días son mejores desde que mi mirada te encuentra. A veces, solamente desearía que pudieras girarte y sonreírme, sin más. También me gustaría  que pudieras fijarte en lo mucho que iluminas mi rostro. Sin darme cuenta, has hecho latir mi corazón tan rápido, que ni siquiera creía que pudiera resistir. Si me preguntaras el porqué de todo esto, de toda la historia, no acabaría nunca. No sé cómo describirte. Sólo puedo decirte que me duele profundamente el corazón al mirarte.

Y es que el sol te queda tan bien.
 

martes, 15 de abril de 2014

Viviendo en el miedo


¿El miedo? Una sensación, un estado mental, una ilusión de los mejores de los magos. Pero es tan real que resulta hasta tangible. Vivimos momentos en los que tal es nuestro miedo que no sentimos más que refugiarnos en nuestro propio llanto, o momentos en que nos quedamos quietos replanteándonos nuestra muerte más cercana.

"Notar el sudor resbalar por la piel, pequeñas gotas de esperanza que se evaporan con el aire, con nuestros suspiros de pavor, con nuestros anhelos de desaparecer. Sentir la respiración agitarse en lo más profundo de nuestro ser, intentar calmarla, mas no poder. Y no sentir nada más que la simpleza del propio pavor. Y continuar sintiendo cómo la tensión que se forma hace un nudo en la garganta, interrumpiendo el paso de las palabras que quieres que salgan de tu boca y que se liberen, retirando así las cuerdas que te atan al temor.

Tener miedo de algo físico, de algo que existe, de algo que puede provocarte las ganas de salir corriendo y de esconderte. De huir muy lejos y no volver, ganas de no querer sentir nunca más esa sensación de opresión interna, de nerviosismo intranquilo.

Porque cuando tienes pavor a algo físico es cuando te das cuenta del gran número de sinónimos que tiene la propia palabra "miedo", es cuando te das cuenta de lo estúpida que es la mente humana, con sus miedos irracionales, o quizás racionales, no lo tienes muy claro. Pero en ese momento solamente sientes tu muerte cerca, sientes que tus últimos segundos de vida se van acercando poco a poco, y cuando quieres darte cuenta, estas muriendo por dentro, una presión te invade y no eres capaz de seguir respirando. La adrenalina se junta alrededor de tu corazón, formando un muro que intenta protegerte. Pero este muro se derrumba ante la presencia del peligro. Porque la visión del peligro es de lo que más aterra. Y tú sigues viendo tu muerte avanzar. Entonces es cuando comienzas a sentir terror.

¿La muerte? Aunque así lo quieran negar, es más bien imposible no temer ante esta pericia del destino. La cruel perspicacia del tiempo, esos bellos aunque traidores últimos instantes en los que sientes tu vida terminar. En los que sientes tu corazón dejar de latir, porque, aunque nunca lo hayas vivido, ¿te lo imaginas?

Sí, lo haces. Y sientes tus últimas agonías acercarse a zancadas, y una increíble tristeza te abandona por dentro y te plaga la nostalgia y la incertidumbre. Y alrededor de tu pensamiento todo es oscuridad. Oscuridad y dolor.

Pero sin duda, el mayor miedo, es aquel de la decepción. No solo de sentirla, sino de convertirse en el semblante de la duda, de la discordia, de la impotencia y culpabilidad. Ser la sombra intranquila que llega a una vida, ser aquella que nunca en tu mundo debió aparecer, ser el motivo de tu arrepentimiento. Ser aquella a la que nunca debiste conocer.

¿O quizás es mayor el miedo a perder? El miedo a perder algo que ni siquiera existe, es también el miedo de rozar la locura por odiar, o rozar la locura por amar. Es el miedo de sentir impotencia cuando piensas en un ente inexistente, en una vida más allá de los sueños. Es ese miedo irracional cuando ves al verano terminar o cuando tus castillos en el aire comienzan a caer. Es el miedo a ver el sol ponerse, a ver el último atardecer. Es el terror de no volver a vivir nada. Es el pavor a no despedirse de algo que nunca existió."